El Concurso de la editorial(Un relato corto)

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Un relato corto, ambientado en el concurso de escritura

La cola doblaba la esquina y daba vuelta a la manzana.  Los transeuntes, en ocasiones se paraban a mirar e incluso preguntaban.

Aquella fila kilométrica desde altas horas de la madrugada, debía tener algún sentido. ¿Entradas para un concierto?¿Un nuevo estreno en taquilla?¿Un móvil de última generación recién salido al mercado?

Era el 48 de la fila, ella lo sabía. Le había seguido por las redes sociales e investigado por internet desde que leyó su manuscrito.  Tenía un gran potencial, pero había que pulirlo.

Aquel muchacho, no dejaba indiferente a nadie con aquel atuendo poco común, (teniendo en cuenta que una de las sugerencias del concurso, era vestir de etiqueta, pues se iba a valorar positivamente)  con casi dos metros de estatura,  cuello y brazos totalmente tatuados.   Se intuía bajo el sombrero fucsia que era calvo o se afeitaba la cabeza, aunque dicho sombrero solo dejaba ver parte del tatuaje de una brújula. También llevaba la corbata del mismo color y le hacía juego con la goma elástica que recogía su barba poblada azabache.

Sus pantalones negros raídos y sus bambas magenta dejaban claro que Carlex Cedric (su nombre real nada tenía que ver con su nombre artístico @unlocobiencuerdoprendiendoavivir) había decidido destacar por encima de todo y de todos.

Susana estaba preparada, lo tenía fichado desde su llegada a la calle principal. Llevaba horas en el edificio viendo pasar a los candidatos. 

Los zapatos de aguja, ahora clavados en la alfombra mullida del despacho de Mario, le daban cierto respiro en aquel entorno, pero la estaban matando. Los había elegido junto a la falda de tubo y la camisa de seda negra, para parecer más alta y estilizada. Se había recogido su larga melena rubia en una coleta alta con la misma intención. 

Había preparado todo su atuendo con sumo cuidado para el encuentro con Carlex. Lo tenía todo planeado, excepto que él, llegara un poco mas tarde de lo esperado:

—Mario, tenemos que dejar que pasen otros cincuenta más.

—Susana —suspiró su jefe— ya lo hemos hablado. Solo entrarán los veinte siguientes.

—¿Por qué tanta insistencia Susi? —preguntó una voz femenina al otro lado de la habitación semi en penumbra— no haces otra cosa que insistir desde hace un rato largo y no puedo imaginar por qué.

—Marga —contestó Mario— me da igual lo que diga tu hija. Serán veinte, no tenemos presupuesto para cincuenta más. En las bases se estipuló “los primeros cien” que llegaran.

—Pero…

—Pero nada Susana —interrumpió Mario —si te has encaprichado de alguno le invitas a cenar.

—Mario…por favor…—contestó enfadada Marga saliendo a la luz principal —no le hables así a tu hija, ni tan siquiera has escuchado sus motivos. Y ella también forma parte de esta empresa.

—Adelante, soy todo oídos —cruzó los brazos y se sentó en la esquina de la mesa esperando una respuesta convincente—venga que no tengo todo el día.

—Verás papá, siempre hay alguno que no cumple con las bases del concurso. Esa podría ser nuestra explicación principal…

—¡Madre mía, lo que te queda por aprender!

—¿Quieres dejar de interrumpirme?

—Lo siento, continua. Rubia.

—Voy a hacer oídos sordos a tu comentario faltón.

—¿Qué? Yo no he dicho….

—Vale ahora soy yo quien te interrumpe. Vamos a centrarnos, tú quieres buscar un buen escritor de contenidos, pero solo te guías por las apariencias. Estás obsoleto. Debes reinventarte.

—¿Cómo? 

—Te propongo que te valgas del marketing y hagas alusión a un cambio de planes para dar mas oportunidades. Cuando lleguemos a los cien, dices que pasarán otros veinte y a la media hora le pides a otros diez que entren.

—No tiene ningún sentido —comentó Marga atusándose la media melena rojiza y estirando su buzo negro de seda— para que hacer eso, si alguno no cumple se pasa al siguiente y ya está. De ahí la espera de toda esa gente.

—Mantienes la expectación en las redes sociales, los medios de comunicación y haces que suban los minutos de consumo de nuestro material en la red. Si sigue activo el concurso, la gente está deseosa de saber el desenlace.

—Entiendo, mantener el suspense por mas tiempo —comentó Mario deshabrochando su corbata mientras se quitaba la americana— que todos esos periodistas de ahí fuera sigan con sus preguntas a los posibles concursantes y así ahorrarnos publicidad.

—Si, mas o menos.

—Lo veo hija, lo veo. ¿Qué dices Mario? ¿Probamos? 

—No lo tengo del todo claro, ahora han entrado los veinte que faltaban… solo entrarán diez mas.

—PAPÁ, diez mas, diez mas, diez…

—Tantos no. SOLO DIEZ. —comentó saliendo del despacho hacia la mesa de su secretaria— móntatelo como quieras pero solo diez más.

Se hizo un silencio incómodo. Marga observó la frustración en el rostro de su hija:

—¿Y si fueran cuarenta y ocho?

—¿Qué? ¿Cómo? —se ruborizó la muchacha.

—A tu padre se la darás…a mí no. Se leer entre líneas.

—No sé a que te refieres mamá.

—¿Solo te guías por las apariencias? Tu subconsciente te ha traicionado Susi. —la recriminó su madre mientras mandaba un mensaje de texto a través del teléfono.

—¡Mamá!

—Inventa algo rápido y elige a diez, cinco o a él para que no se quede fuera —suspiró su madre— pero una vez dentro, estará solo a merced de los elementos. Y te puedo asegurar que tu padre y sus colaboradores son unos elementos…

—Gracias mamá. —contuvo la emoción— ¿Con quién te escribes?

—No me des las gracias. Lo del marketing a mi me ha seducido. Aprendes deprisa. Con tu tía Mercedes, con ella hablo.

Susana cogió un bol de caramelos de la entrada, vació el contenido en otro bol contiguo y se llevó unas etiquetas y varios bolígrafos. Tras meterse en el ascensor sus padres se miraron:

—Marga, dime que no es el pintas y que no va a entrar por esa puerta.

—Es el pintas y va a entrar por esa puerta, pero ya la he dicho que se lo tendrá que currar para ser seleccionado.

—Mira, tengo varios candidatos perfectos para el puesto de todos los que han pasado ya las entrevistas. Si utilizamos este formato es por el rollo ese de la reinvención. Yo, ya sabes que soy mas clásico.

—La idea de Susana es buena y el chico habrá que verlo. Por algo se habrá encaprichado de él. 

—Si, por llevarme a mi la contraria y ponerme en el disparadero.

Beep, beep, beep (Sonó el teléfono de Marga)

—Ajá…mmm — se la oyó decir— entiendo.

—¿Con quién hablabas?

—Con Natalia, tu secretaria. A tu hija la he dicho que con su tía Mercedes.

—Pero, ¡si está ahí fuera!

—Si, lo sé. 

—Cada día os entiendo menos, la verdad.

—Tengo el nombre del muchacho.

—Carlex Cedric.

—¿Carlex Cedric? ¿De qué me suena? ¿Carlex Cedric? Carlex…

—En serio ¿te suena?

—Hala, ya se quien es.

—¿Le conoces?

—No personalmente, pero si su trabajo en la editorial  www.Librosviajeros.md

—Y ¿qué te parece?

—¿Cómo ha averiguado Natalia como se llamaba el pintas?

—Tiene sus contactos.

—¡Por la niña!

—Efectivamente, por la niña. Y te recuerdo que la niña tiene casi treinta años. Y es muy buena en su trabajo.

—El pintas, sino fuera pintas…

—Por favor, Mario. A ver si le voy a tener que dar la razón a tu hija.

—El chaval tiene carrera y un par de master. Habla inglés y alemán de forma fluida. 

—Y en las redes por lo que dice Natalia debe arrasar.

—No sé, de eso ya sabes que no controlo. Bastante tengo con gestionar una empresa.

—Pues ya lo sabes. 

—¿Qué crees que se le habrá ocurrido a Susana para qué consiga entra y optar al puesto?

—No lo sé, enseguida lo descubriremos.

Ya en la calle con el bol en una mano y los bolígrafos en otra, Susana se hizo escuchar entre la multitud:

—Buenos días a todos, bienvenidos a este encuentro. Como ya sabréis os habéis quedado todos fuera.  A la dirección de la empresa y a mí, se nos ha ocurrido algo. Vamos a seleccionar a otros diez de los cincuenta primeros que quedáis esperando. Como deferencia a todo el tiempo que habéis invertido.

—Pero eso no es justo, debería ser por orden de llegada —comentó el primero en la cola.

—Repito, estáis ahora mismo todos fuera. No os habéis clasificado por no llegar entre los cien primeros y como ya no optáis al premio, puesto que están dentro cumplen con las normas establecidas,  tenéis dos opciones.

—¿Cuáles? —preguntó de nuevo el mismo muchacho.

—La primera: podéis marcharos a casa. La segunda: participar en esta prueba improvisada. ¿Qué decidís? PARTICIPAR O MARCHAR. El concurso como tal ya ha acabado.

—PARTICIPAR —se oyó al unísono a la muchedumbre.

—Bien, entonces os explico de que consta la prueba. ¿Os lo cuento?

—Si —se volvió a escuchar a la vez.

—Perfecto, tengo en mis manos unas etiquetas y unos bolígrafos. Os los voy a ir pasando, debéis escribir en ellas vuestro nombre y una frase que os defina u os apetezca compartir con el resto ¿De acuerdo? Al acabar, meted en la pecera el papel bien doblado. Sacaré diez al azar y esos diez me acompañaréis. Participando así como repescados.

Susana, esperó paciente bajo un murmullo nervioso a que los participantes terminaran e introdujeran los papeles en el receptáculo.

Fue sacando y leyendo los papeles uno a uno hasta el noveno, al llegar al décimo, leyó solo la frase para poder encontrar al autor después “Descubrir su doble juego, hizo fácil la elección” y pidió perdón mentalmente al dueño de aquella frase, prometiéndose buscarle mas adelante para ofrecerle  la oportunidad que ahora le estaba arrebatando, lo introdujo con el resto:  

—El bolígrafo, es el amigo del escritor, que todo lo cuenta. Por Carlex Cedric. —simuló leer Susana— Carlex ¿Dónde estás?

—Soy yo, aquí—contestó el muchacho con cara de pocos amigos.

—Bien, pues vosotros diez acompañadme y al resto os emplazo a la próxima convocatoria y daros las gracias por estar hoy aquí.

Entraron en silencio hasta una sala de espera, en ella había dispuesto un ágape a base de fruta fresca, zumos, refrescos, agua y bebidas calientes con sandwiches y algunos dulces.  Al cabo de unos  minutos fueron llamándoles de uno a uno. 

Susana se quedó en la estancia separada de los nuevos aspirantes del concurso y se preparó un café. Alguien se le acercó y notó un susurro que le hizo dar un respingo:

—¿Por qué me has elegido? Te he investigado en la red. —Carles se puso a su lado sin mirarla, preparando lentamente un té negro. —Has hecho trampas ahí fuera, esa no era mi frase. Sabía que ibais a hacer trampas, pero no sabía que yo formaría parte de ellas. No quiero entrar con privilegios.

—No te he visto negarte. ¿Por qué has entrado entonces?

—Para tener la posibilidad de conocerte en persona y que te fijaras en mi.

—Pues lo has conseguido —sonrió notando como sus mejillas se encendían— y todo el mundo también se ha fijado en ti.

—Vale, ahora dime por qué me has elegido. —dijo sonriente— me impresionó oír mi nombre.

—Conozco tu trayectoria profesional, eres muy bueno y la sangre fresca que necesita esta editorial para resurgir y volver a convertirse en un referente del sector.  Llegas a mucha gente a través de tus escritos, de tus palabras casi siempre acertadas y de tu oratoria. Te felicito.

—Gracias, pero podíais haberlo hecho de manera tradicional.

—¿El qué? —preguntó Susana que estaba despistada controlando el entorno— ¿Contratarte?

—Si.

—¿Quién te ha dicho que estés contratado? ¿Ahora empieza el baile? ¿Te va a tocar ganártelo?

—Me dijeron que haríais trampas y así ha sido. Alguien comentó que tal vez meteríais a otra tanda por si acaso los seleccionados no os gustaban o inventaríais alguna estratagema para buscar a alguien en concreto. El concurso está amañado.

—Bueno esto no está amañado, todos los que están, han entrado por sus medios. Teorías de conspiración siempre las habrá en todos los ámbitos de la vida. 

—Excepto yo. —contestó él.

—Debías estar aquí.

—Le has birlado esa posibilidad a otra persona, quería conocerte de tú a tú y ya lo he hecho. Así que ahora me voy, no voy a formar parte de esta farsa.

—Espera, a esa persona la voy a dar un puesto en cuanto todo esto acabe. Y para demostrártelo te diré que su frase era “Descubrir su doble juego, hizo fácil la elección” no me dio tiempo a leer el nombre pero luego lo buscaré y te haré saber quien es para que te quedes tranquilo.

—Vale, me quedo —dijo Carlex desconcertado y sonriente— pero al final él, va a conseguir mas que el resto.

—Es lo menos que puedo hacer por él, pero se lo tendrá que ganar también. No pienses que esto es una ONG. ¿A qué viene esa sonrisita? ¿Crees que soy…

—Carlex Libric —se oyó decir a una voz masculina— eres el siguiente.

—De acuerdo, me vale. —sonrió mientras salía hacia la entrevista.— Te aceleraste por los nervios rubia.

Varias horas después, tras agradecer la asistencia de todos los participantes hicieron puesta en común del día de locos. Ya tenían la selección de los finalistas. Susana miró la lista de los que habían pasado el corte y enseguida le encontró. Suspiró con alivio al verle. 

Sabía que aun le quedaban un par de pruebas y entrevistas. Pero también era consciente de que muy probablemente su padre le elegiría por sus cualidades altamente superiores a las del resto.

—En unos días sabremos definitivamente quien se hace con el puesto, gracias por tu idea de la repesca, fue brillante. Además dos de ellos, son firmes candidatos a ocuparlo. Estoy muy orgulloso de ti y el concurso ha sido un éxito.

—Gracias, hay que adaptarse a los nuevos tiempos.

—Si, pero no me dejes todos esos papeles y bolis ahí. —señaló Mario— y el próximo que opte para el puesto se hará a la vieja usanza.

—De acuerdo, papá. Me pongo a ello.—comento recogiendo los papeles y buscando el nombre de la frase que descartó — Yo me ocupo de contratar al segundo por la vía tradicional.

—Date cuenta Susana que debíamos cubrir dos puestos y con tu idea tenemos para bastantes mas. 

—Bueno ellos no lo saben. Se piensan que están todos para un solo puesto. —contestó encontrando al autor de la frase que suplanto —¡Ah! Madre mía.

—¿Qué? —Se asustó su padre.

—Nada, ¿sabes qué? Pienso que nuestro equipo ha hecho un arduo trabajo y les deberíamos invitar a una cena y estoy pensando que gracias a su labor encontraremos a los dos nuevos miembros del equipo que mejor se acoplen a nuestra marca. Lo voy a dejar en sus manos.

—¿Estás segura?

—Completamente —contestó sonriente con el papel en la mano— completamente.

—Pues me alegra oír eso, hija. Cierra la puerta al salir, quiero planificarme el día de mañana antes de marchar.

Mario siguió a lo suyo.

—Así que por eso te reías… —musitó leyendo de nuevo la frase.

“Descubrir su doble juego, hizo fácil la elección”. Carlex Cedric

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