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Un día lo descubrí, ese día dejé de huir

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Un día lo descubrí, ese día dejé de huir. Ni los mantras, ni las excusas que me contaba haciéndolas pasar por explicaciones, ni las miradas hacia otro lado, ni echarle las culpas al tiempo, a los demás o al viento. Nada sirvió, nada tuvo el valor suficiente. Di con la respuesta, esa que siempre me acompañó.

Al final era yo, consciente e inconsciente. Retorciendo mi dolor, mi sufrimiento, metiéndolo todo a presión en el cajón de ese armario que no quiero abrir y dejar salir. Era yo y nadie más que yo, quien me hacia sentir lo que realmente no quería experimentar.

Como por ejemplo, cuando te duele una muela y no la quieres arrancar o te duele la encía tras la extracción y aunque deseas dejar de sentir el dolor constante, sigues presionando la herida.

El ser humano es contradicción pura. ¿No es cierto?

Tuve que enfrentarme a mis sentimientos, a mis apegos, a mis amores imposibles, a mis sueños no realizados, a mis proyectos frustrados y a todo aquello que ni tan siquiera me puse cara a cara por miedo o vergüenza.

Desterré los “no puedo”, los “y si”, los “pero”, los “es que” y dí la bienvenida a los “tal vez”, los “vamos a por ello”, los “vamos a intentarlo”.

Dejé ir a los imposibles con mas miedo que vergüenza, les desee lo mejor a sabiendas que dejaba roto en mil pedazos mi corazón, di la bienvenida a los posibles y volví a enamorarme e invertí en reenamorarme ¡Si! como lo lees, en enamorarme de nuevo, de lo denostado, de mí, de lo que estaba por venir y finalmente, de todo aquello que si tenía futuro en mi destino. Y otra vez el miedo salió a relucir.

Siempre quise huir, de hecho siempre huí. Era la forma rápida y fácil de salir de cualquier situación. Ahora me enfrentaba al arduo camino de dar la cara y exponerme a lo que llegara. Sin duda una experiencia nueva.

¿De qué hablo? ¿De amor? ¿De trabajo? ¿De salud? Mmmm, ¿A caso importa?

¡La vida en general!

Y ahora dime ¿A ti no te pasa? ¡Claro que si!

Puedes llevarlo a tu terreno, pues todo lo que digo en estos párrafos, tienen que ver contigo y conmigo. Somos totalmente diferentes, pero a la vez somos iguales. Nuestras experiencias salvando las distancias nos resuenan tan familiares ¿a qué si? Difiere tan solo la situación y las personas de nuestro entorno.

Pero todos hemos huido alguna vez, por eso todos deberíamos pararnos en algún momento y dejar de hacerlo. Tomar aire y concentrarnos en buscarnos y solucionar lo que atenaza a nuestro alma.

La nostalgia del pasado, el tan famoso “pasado que fue mejor o mas bonito” o la ilusión del futuro (incierto e inventado pues no lo conocemos).

Un día lo descubrí, ese día dejé de huir y empecé a enfrentarme.

Me dí cuenta de como me envenenaba, como le decía a la loca de mi mente

¿Estás ahí? ¿Has visto eso? pero no me contestaba y en cambio echaba más leña al fuego.

Entonces ocurrió la magia. Mi alma por ahí escondidita, empezó a susurrarme. ¡Claro que lo vi! ¡Y de que te sirve!

De nada…supuse y …supuse bien. Sufrir por sufrir no servía de nada.

Bueno sí, para machacarme. Si iba a dar igual sentirme mal o sentirme bien. Lo que pasara, pasaría igual. La diferencia solo radicaba en como me lo tomaba.

El famoso soltar y fluir que le llaman, hay quien le llama también a eso rendirse. Pero como decía la tita Marifé a Aiara, “esa historia ya te la contaré en otro momento, ahora…no es ese momento”

Como iba contándote antes de que yo misma me interrumpiera. Un día, un día lo descubrí. Lo vi claro, la respuesta la había tenido yo todo el tiempo, ante mis ojos y estaba ciega. Y es por eso que escribo estas palabras en este blog y puse ese titulo a este post.

Un día lo descubrí, ese día dejé de huir.

Un día lo descubrí, ese día dejé de huir.

Dejé de alimentar 

los sapos y culebras de mis entrañas, 

Dejé salir de mi interior

Las mariposas y libélulas, 

ya habían cumplido su misión.

Buscaba una respuesta y la respuesta era yo.

Dejé que te marcharas, 

a pesar del dolor que eso me provocaba.

Dejé de huir de mis mentiras,

 de mis inventadas para no herirme, 

para no pasar por el trance del famoso dolor.

Dejé de apegarme a tu recuerdo,

 a la nostalgia de tus besos. 

A soñar con tus abrazos, 

mientras me carcomían los celos.

Dejé a un lado todas esas inseguridades, 

las cuales me hacían no ser YO. 

Ese YO al que no reconocía 

y en quién me había convertido. 

Me di cuenta de mi error. 

Y entonces dejé de huir,

 me enfrenté al sufrimiento

 y le dije que se fuera,

 que ya no podía mas,

 que ya no tenía fuerzas para seguir 

ahondando en la tristeza, 

que quería paz y ser feliz. 

Y entonces sucedió, 

los sapos, las culebras, 

las mariposas y las libélulas. 

Todo, se esfumó.

Los recuerdos y los sueños, 

Todo, se desdibujó.

Empezaba una nueva era para mí.

Después del apego y la pena.

Te recordaré siempre.

Te soñaré también siempre, 

pero te dejo ir.

Porque sino, 

sigo huyendo de este paso a seguir.

Porque debemos ambos,

 hacerlo para avanzar en nuestros pasos.

Porque cuando todo empezó, 

sabíamos que todo algún día acabaría.

Porque todo tiene un principio y un fin.

En esta vida…

¿O no?

Gracias por todo, 

Gracias por tanto, 

Gracias por estar en mi vida,

Gracias por la lección aprendida.

Gracias porque …

Un día lo descubrí, ese día dejé de huir

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